viernes, 6 de julio de 2012

3

El día siguiente fue bastante extraño. Para mi, todo un desastre. Estuve todo el día evitando a Sid, intentando que no me pusiesen en sus equipos en los juegos, poniéndome lo más alejada de el en la mesa de la comida y huyendo durante el baño en el río, aunque el intentaba acercarse a mi a hablar. Para mis amigos fue mucho mejor. Las tres parejas se pasaron el día tonteando y picándose entre ellos. Me resultaban bastante monos, pero me ponían un poco de mal humor, supongo que por que me daban envidia. Estuve fijándome en los chicos de la otra cabaña, para poder quitarme a Sid de la cabeza. Pero cada vez que miraba a uno o intentaba hablar, aparecía el. Habíamos terminado de cenar y yo estaba de los nervios, esperaba relajarme un poco con el juego. Éramos dos equipos y había que esconderse de los vigilantes del equipo contrario y conseguir una bandera que protegían. Si te pillaban tenías que esperar en su base a que fuera alguno de tu equipo a rescatarte. Y como no, a mi me tocó en el equipo con Sid. Por eso, en cuanto estuvimos organizados en nuestro equipo yo dije que iba a por la bandera y salí corriendo hacia la otra base. Cuando estaba cerca me había encontrado ya con alguno del otro equipo, pero me había escondido. Tampoco los había cogido, pues ese no era mi trabajo. Ellos tenían la base en el campo de fútbol. Me escondí detras de unos árboles que había cerca y que cuando hubiese poca gente en el campo podría ir fácilmente corriendo a por la bandera o a salvar a algún compañero. Esperé un rato y vi irse a algunos y a Ted traer a Hel agarrada por la espalda, porque la habría pillado, aunque más bien parecía que la estuviese abrazando y tontease con ella. Esa era mi oportunidad. Solo estaban Ted, que hablaba con Hel en la parte de los pillados y otros dos muchachos que estaban dándome la espalda. Iba a echar a correr cuando una mano me cogió por la cintura y me echó hacia atrás. Esa misma persona me puso la otra mano en la boca para que no pudiese gritar, pero yo intentaba soltarme, por lo que perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, pero había una especie de barranco hacia arriba, por lo que no fue mucha caída. Yo, como me tenía agarrada, fui detrás y caí encima de su cuerpo, intenté levantarme corriendo por si se había hecho daño, pero no me dejaba moverme. Giré un poco la cabeza y vi a Sid, que me sonrió. Entonces me soltó y yo me deslicé hacia un lado, pero sin quitarme del todo de encima de él.
-¿Te has hecho daño?
-No, no te preocupes. ¿Tú tampoco, no? Has caído sobre blando jajaja.
-Oye, ¿se puede saber qué haces? Estaba a punto de coger la bandera.
-¿Ah si? ¿Con Lisa justo ahí abajo?
Miré un poco a través de los arbustos. Desde mi posición de ahora se podía ver perfectamente a Lisa, pero como estaba antes no la veía. Si hubiese salido no habría dado ni dos pasos y ya me habría pillado.
-A demás, me parecía una ocasión perfecta para hablar. Como llevas todo el día evitándome...
-No te evito. ¿Por qué iba a hacerlo?
-Si me evitas. Y eso me pregunto yo. ¿Fue por lo de anoche? Yo no quería...eh...
-No, no, no te preocupes.
Estábamos los dos, ahí tirados. Mis piernas encima de las suyas, mi cuerpo justo al lado del suyo. Pasó su mano por encima de mi hombro. Y yo me derretí.
Claro que había estado más veces con algún chico de forma parecida. Desde hace algunos años cada campamento solía liarme con uno, parecido a lo que hacía Frank. Y en mi ciudad había salido con alguno, aunque nunca había durado más de un mes. Pero esta vez era diferente. Sid era como especial. No sabría definirlo. Era más mayor y un monitor y su pelo y ese pendiente y... me hacía sentir rara.
-Bueno, y ¿de qué querías hablarme?
-Pues no se. Me pareces interesante, podríamos conocernos más.
-¿Y has creído que era el mejor momento?
-Si. Lo he creído y lo es. -me hizo reír tontamente. -Bueno, pues cuéntame. ¿Sales con alguien? ¿Quién te gusta de aquí? -que directo, vaya.
-No, no salgo con nadie. Y no me gusta nadie de aquí jajaja. -mentira, mentira, mentira.
-Pues todas tus amigas están ya emparejadas, te vas a aburrir, ¿no? jajaja.
-No jajaja ¿Y tú? ¿Sales con alguien? ¿Te gusta alguna monitora? 
-No salgo con nadie ahora mismo. Y no me gusta ninguna monitora.
-¿Entonces alguna campista? Pederasta. -me estaba arriesgando demasiado.
-No...jajaja Pero no sería de pederasta, recuerda que para mi tienes diecisiete y yo tengo dieciocho, solo es un año. -se me quedó mirando una milésima de segundo y se levantó. Dio por terminada la conversación.
-Si yo voy ahora y distraigo a Lisa tu puedes correr perfectamente y coger la bandera. Vamos.
-Está bien.
-Ah y una cosa más. ¿Quieres que te enseñe lo bonito que es el río por la noche? -por la expresión de mi cara debió suponer que si quería. -Pues luego voy a buscarte a tu cabaña. Si se lo dices a las chicas da igual, pero cuanta menos gente se entere, mejor. No quiero que llegue a oídos de los monitores que saco a campistas de la cama en mitad de la noche y me las llevo a dar un paseo. 
Nos reímos los dos y de repente salió corriendo. En cuanto le vio Lisa salió a correr detrás de él y yo no esperé más y salí disparada hasta agarrar la bandera con fuerza.


-Chicas, luego voy a ir a dar un paseo, vosotras quedaros aquí, no os preocupéis eh.
-¿Tú sola?
-Eh...no exactamente.
-Vas con Sid. Oh dios mío, Sid te va a llevar a pasear en medio de la noche. 
-No digáis nada por favor, me ha dicho que se entere poca gente. 
-Mucha suerte Cassie.
Ellas ya estaban dormidas, habría pasado como una hora y media, pero yo no podía dormir. De pronto alguien tocó suavemente la puerta. Yo ya estaba vestida, me puse las zapatillas y salí. Ahí estaba Sid. Con todas las luces apagadas y a la luz de la gran luna estaba más guapo que nunca, si eso era posible.
Comenzamos a andar hacia el río sin decir nada. Cuando dejamos atrás las cabañas empezó a jugar con mis dedos y a acariciarme la mano mientras andábamos, pero continuábamos en silencio. Llegamos a la parte del río donde nos bañábamos, un claro entre muchos árboles, el agua muy tranquila y la luna reflejada en su superficie. Me pareció algo precioso y perfecto. Le miré y vi que el no estaba mirando ni el agua, ni la luna, ni el reflejo, ni los árboles, me estaba mirando a mi, directamente. Me cogió con fuerza la mano y me guió hacia el río. Nos metimos hasta donde le llegaban a el los pantalones, para que no se mojasen. El agua estaba realmente apetecible. Pensé que nos podríamos meter un poco más si el estuviese en calzoncillos, ya que mis calzonas llegarían aproximadamente al mismo sitio.
-Quítatelos. -dije señalando los pantalones.
El me miró extrañamente. La verdad es que no era una proposición muy normal. Pero pronto entendió mi propósito, salió del agua, se los quitó y volvió a mi lado. Seguimos avanzando hasta que el agua casi rozaba la ropa. Entonces él preguntó:
-¿Te da igual mojarte la ropa interior?
Yo le entendí en seguida y ambos salimos del agua. El se quitó la camiseta y yo mis calzonas.
-Me da un poco de vergüenza...
-Venga, no seas tonta, te he visto en bikini que es igual. A demás, yo estoy peor con los calzoncillos jajaja.
Me reí y me quité la camiseta. Corrimos al agua y nos sumergimos. Salimos a la superficie y yo empecé a tiritar, entonces me cogió la mano, me acercó a él y me puso los brazos alrededor de los hombros. Yo me encajé perfectamente en su cuerpo y le deslicé las manos desde la tripa a la espalda. Él me apretó un poco más contra el y me dijo al oído:
-Eres fantástica.
Sus manos se movieron desde mis hombros hasta la parte de abajo de mi espalda, me acarició las caderas y volvieron a la espalda, entonces yo subí las mías a su cuello y allí apoyé una mientras la otra jugueteaba con su pelo y su oreja y le acariciaba suavemente el cuello. Nuestras cabezas estaban muy cerca y cada vez más. Le di un beso en el cuello, otro en la mejilla y otro justo al lado de los labios. Me paré justo ahí, nuestros labios a muy pocos centímetros, sentía su respiración en mi boca y de repente nos besamos. Mis manos recorrían su cabeza, su pelo, su oreja, su cuello, su espalda. Las suyas acariciaban mis caderas y a veces bajaban un poco más. Me cogió los muslos y los levantó para cogerme. Mis piernas rodeaban su cuerpo. El mío descansaba sobre sus brazos. Y paró. Sus manos subieron a mi espalda. Me susurró al oído:
-No vamos a hacer nada que tú no quieras hacer.
Y me dio un beso en la mejilla, mientras sus manos enredaban con el enganche de mi sujetador y yo apretaba más su cuerpo contra el mío.


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