-Mamá, ¿has visto mi toalla?
-Tú sabrás donde la has metido.
Perfecto. No tenía yo los suficientes nervios encima, como para que mi madre me metiese más. Estaba acabando de hacer la maleta, me iba de campamento, como cada año. No era nada nuevo, iba todos los años al mismo, ya conocía a los monitores, las instalaciones, el pueblo, muchos de los campistas... Pero este año, que yo conociese, solo iban mis dos mejores amigos de allí del campamento. A él solo le veía los veranos, durante las dos semanas que duraba el campamento, pero nos llevábamos genial, solo necesitábamos una mirada para entendernos y nos pasábamos el día juntos. A ella la veía más a menudo pues solía pasar una semana en mi casa durante las Navidades y yo otra en su casa. Yo ya estaba impaciente por verlos a los dos y a todos los monitores, que también los echaba bastante de menos.
-El autobús sale dentro de dos horas, ¿lo tienes todo? -mi madre entró en el cuarto con mi toalla en la mano.
-Creo que si. Espera, ¿tenemos crema?
-Te compré ayer una entera, no quiero que te quemes.
-Muchas gracias mamá. -Dije mientras la daba un abrazo.
Dos horas después estaba yo con mi maleta y mi mochila esperando el autobús. Cuando lo vi llegar se me dibujó una sonrisa en la cara. Vi todos los asientos delanteros llenos de niños bastante pequeños. A medida que se alejaban del conductor, los ocupantes se hacían más mayores, hasta llegar a los últimos, que serían de mi edad, unos 15 años. La edad límite eran 16, por lo tanto a mi me quedaba un año, pero al siguiente ya iba a ir como monitora, en vez de campista. Antes de que parase vi en el asiento de atrás, para cinco personas, a Hel y Frank junto a otro chico y otra chica que no conocía. Subí y vi libre el asiento del medio, entre mis dos mejores amigos. Sin pensarlo me senté sin decir nada, cogí a cada uno con un brazo y los abracé hasta hacernos daño. Empezamos a hablar y les pregunté si conocían a los chicos sentados a sus extremos y dijeron que no. Entonces empezamos a hablar con ellos:
-Bueno, em, hola. ¿Es la primera vez que vais a un campamento?
-Si. -contestaron los dos al mismo tiempo. Parecían muy preocupados y tensos.
-Relajaros, ya veréis como os lo pasáis genial. Y aquí tenéis tres amigos. Ella es Hel, él Frank y yo Cassie.
-Yo soy Ted.
-Yo Lisa.
-¡Encantados!
Durante el resto del viaje se relajaron bastante, hablamos todos sobre nuestro invierno y nuestra vida en general y empezamos a conocernos más. Ya se los veía integrados.
-Ted, ponte conmigo en la cabaña ¿vale? Bueno, aunque este año no va a haber mucho donde elegir.
Miramos hacia adelante y solo había unos seis chicos de nuestra edad y seis chicas. Las cabañas para los campistas mayores eran de 5 personas.
-Lisa, ¿te pones con nosotras en una?
-Si, claro.
Entonces llegamos por fin. Bajamos del autobús y vimos a todos los monitores. Corrimos los tres a abrazar a Alice y a Robbie y después se nos unieron todos los demás que ya conocíamos. Entonces vi a un chico que nos miraba. Supuse que era un monitor, porque llevaba su misma camiseta, pero me pareció bastante joven, unos 23 años. Tenía barba de algunos días, que le sentaba realmente bien y un pendiente le sobresalía del pelo, que lo llevaba un poco largo. Me pareció bastante mono, pero que tontería, me sacaría unos 8 años. Nos fuimos a donde nos indicaban los monitores sin coger el equipaje, primero nos darían la bienvenida y nos distribuirían las cabañas. Ya estábamos todos sentados en las gradas, situadas en una especie de plaza, justo enfrente de un enorme pino.
-Silencio chicos. Bueno, vamos a daros un poco la bienvenida. Em... ¡bienvenidos! Ala, ya está. -todos reímos.
-Robbie, ¿ya te estas haciendo el gracioso? -gritó Frank.
-Jajaja Frank, cállate o harás ya la primera cena sin postre. -dijo Alice bromeando.
-Bueno, en definitiva es eso. Esperamos que todos os lo paséis muy bien. Mikey, Rose y Anne distribuirán a los pequeños. -saludaron los tres. Mikey era un hombre de unos 27 años, grande y fornido, pero muy simpático y amable. Siempre se llevaba muy bien con los niños pequeños. Rose era como la madre de todos. Consolaba a los pequeños si les pasaba algo, curaba al que se hacía una herida y nos obligaba a comer la comida que no queríamos. A Anne no la conocía. Debía ser nueva. Era joven, tendría unos 23 o 24 años. Era pequeña y delgada y tenía una cara muy dulce, aunque un poco asustada.
-Y Robbie, Sid y yo distribuiremos a los mayores. -dijo Alice. Era una chica muy energética. Siempre nos animaba a hacer todo y nos ayudaba a que nos saliese. Robbie estaba siempre bromeando y dándonos golosinas y refrescos sin que nadie se enterase, aunque tambien era muy estricto a veces. Sid debía ser el chico que vi antes. Ahora que estaba sonriéndonos estaba guapo de verdad. Nos estaba echando un vistazo a todos cuando su mirada se cruzó con la mía. Estuvimos mirándonos hasta que la potente voz de Mikey nos asustó a los dos.
-Nos os preocupéis los que no nos conozcáis. Podéis contar con nosotros para lo que sea y ya cogeréis confianza con el tiempo. Ahora ir a por vuestro equipaje. Los mayores bajad aquí y los pequeños esperad junto al autobús a que os ayudemos.
-En cuanto cojamos la cabaña tenemos que hablar Hel.
-Lo mismo te digo Cas.
-Chicas, ¿puedo contaros yo también una cosa? -dijo Lisa.
-Por supuesto. -reímos las dos y ella se nos unió.
Alice condujo a todas las chicas hacia nuestras dos correspondientes cabañas. Entraron cinco chicas que no conocíamos en una y nosotras tres en otra. Nos siguió otra chica más.
-Em, hola... me llamo Gina.
-Encantada, yo soy Lisa.
-Hel, ahora te saludo. -gritó con la cabeza metida en su maleta.
-Hola, yo soy Cassie. Relájate, se te ve tensa. Te lo pasarás bien, ya verás. -le dije con una sonrisa. Salí un momento a ver quien se instalaba en la cabaña de al lado y vi a Robbie entrando seguido de Frank, Ted, otro chico y Sid, que nos miró a las 4 chicas. Volvimos a entrar y Hel gritó:
-Madre mía, esto es genial. Desde mi cama, veo por la ventana a Ted.
-Hel, ¿te gusta Ted? -reímos Lisa y yo.
-Pero ¿cómo no me va a gustar? ¿Habéis visto que carita más mona tiene?
-Jajaja la verdad es que a mi también me gusta alguien. -dijo Lisa. -vuestro amigo Frank.
-¿En serio? Dios, ¡vais a estar todas emparejadas!
-Siento interrumpir. -dijo Gina.- Pero a mi me gusta el otro chico que a entrado en la cabaña con ellos, pero no le conozco.
-Madre mía, esto es de locos. -dijo Hel y reímos todas. -Cassie, te has quedado sin ninguno de esa cabaña y me da que vamos a pasar las noches allí jajaja.
-Chicas, prometedme que no decís nada. Me da bastante cosa esto, pero...creo que me gusta el nuevo monitor, Sid.
-Oh dios, Cassie, ¡tu tiras por lo alto eh!
Acabamos de colocar las maletas y fuimos directas a la cabaña de los chicos, justo al lado. Estaban los tres allí y también Sid, por lo que entramos muertas de risa y ellos se nos quedaron mirando muy extrañamente.
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