El día siguiente fue bastante extraño. Para mi, todo un desastre. Estuve todo el día evitando a Sid, intentando que no me pusiesen en sus equipos en los juegos, poniéndome lo más alejada de el en la mesa de la comida y huyendo durante el baño en el río, aunque el intentaba acercarse a mi a hablar. Para mis amigos fue mucho mejor. Las tres parejas se pasaron el día tonteando y picándose entre ellos. Me resultaban bastante monos, pero me ponían un poco de mal humor, supongo que por que me daban envidia. Estuve fijándome en los chicos de la otra cabaña, para poder quitarme a Sid de la cabeza. Pero cada vez que miraba a uno o intentaba hablar, aparecía el. Habíamos terminado de cenar y yo estaba de los nervios, esperaba relajarme un poco con el juego. Éramos dos equipos y había que esconderse de los vigilantes del equipo contrario y conseguir una bandera que protegían. Si te pillaban tenías que esperar en su base a que fuera alguno de tu equipo a rescatarte. Y como no, a mi me tocó en el equipo con Sid. Por eso, en cuanto estuvimos organizados en nuestro equipo yo dije que iba a por la bandera y salí corriendo hacia la otra base. Cuando estaba cerca me había encontrado ya con alguno del otro equipo, pero me había escondido. Tampoco los había cogido, pues ese no era mi trabajo. Ellos tenían la base en el campo de fútbol. Me escondí detras de unos árboles que había cerca y que cuando hubiese poca gente en el campo podría ir fácilmente corriendo a por la bandera o a salvar a algún compañero. Esperé un rato y vi irse a algunos y a Ted traer a Hel agarrada por la espalda, porque la habría pillado, aunque más bien parecía que la estuviese abrazando y tontease con ella. Esa era mi oportunidad. Solo estaban Ted, que hablaba con Hel en la parte de los pillados y otros dos muchachos que estaban dándome la espalda. Iba a echar a correr cuando una mano me cogió por la cintura y me echó hacia atrás. Esa misma persona me puso la otra mano en la boca para que no pudiese gritar, pero yo intentaba soltarme, por lo que perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, pero había una especie de barranco hacia arriba, por lo que no fue mucha caída. Yo, como me tenía agarrada, fui detrás y caí encima de su cuerpo, intenté levantarme corriendo por si se había hecho daño, pero no me dejaba moverme. Giré un poco la cabeza y vi a Sid, que me sonrió. Entonces me soltó y yo me deslicé hacia un lado, pero sin quitarme del todo de encima de él.
-¿Te has hecho daño?
-No, no te preocupes. ¿Tú tampoco, no? Has caído sobre blando jajaja.
-Oye, ¿se puede saber qué haces? Estaba a punto de coger la bandera.
-¿Ah si? ¿Con Lisa justo ahí abajo?
Miré un poco a través de los arbustos. Desde mi posición de ahora se podía ver perfectamente a Lisa, pero como estaba antes no la veía. Si hubiese salido no habría dado ni dos pasos y ya me habría pillado.
-A demás, me parecía una ocasión perfecta para hablar. Como llevas todo el día evitándome...
-No te evito. ¿Por qué iba a hacerlo?
-Si me evitas. Y eso me pregunto yo. ¿Fue por lo de anoche? Yo no quería...eh...
-No, no, no te preocupes.
Estábamos los dos, ahí tirados. Mis piernas encima de las suyas, mi cuerpo justo al lado del suyo. Pasó su mano por encima de mi hombro. Y yo me derretí.
Claro que había estado más veces con algún chico de forma parecida. Desde hace algunos años cada campamento solía liarme con uno, parecido a lo que hacía Frank. Y en mi ciudad había salido con alguno, aunque nunca había durado más de un mes. Pero esta vez era diferente. Sid era como especial. No sabría definirlo. Era más mayor y un monitor y su pelo y ese pendiente y... me hacía sentir rara.
-Bueno, y ¿de qué querías hablarme?
-Pues no se. Me pareces interesante, podríamos conocernos más.
-¿Y has creído que era el mejor momento?
-Si. Lo he creído y lo es. -me hizo reír tontamente. -Bueno, pues cuéntame. ¿Sales con alguien? ¿Quién te gusta de aquí? -que directo, vaya.
-No, no salgo con nadie. Y no me gusta nadie de aquí jajaja. -mentira, mentira, mentira.
-Pues todas tus amigas están ya emparejadas, te vas a aburrir, ¿no? jajaja.
-No jajaja ¿Y tú? ¿Sales con alguien? ¿Te gusta alguna monitora?
-No salgo con nadie ahora mismo. Y no me gusta ninguna monitora.
-¿Entonces alguna campista? Pederasta. -me estaba arriesgando demasiado.
-No...jajaja Pero no sería de pederasta, recuerda que para mi tienes diecisiete y yo tengo dieciocho, solo es un año. -se me quedó mirando una milésima de segundo y se levantó. Dio por terminada la conversación.
-Si yo voy ahora y distraigo a Lisa tu puedes correr perfectamente y coger la bandera. Vamos.
-Está bien.
-Ah y una cosa más. ¿Quieres que te enseñe lo bonito que es el río por la noche? -por la expresión de mi cara debió suponer que si quería. -Pues luego voy a buscarte a tu cabaña. Si se lo dices a las chicas da igual, pero cuanta menos gente se entere, mejor. No quiero que llegue a oídos de los monitores que saco a campistas de la cama en mitad de la noche y me las llevo a dar un paseo.
Nos reímos los dos y de repente salió corriendo. En cuanto le vio Lisa salió a correr detrás de él y yo no esperé más y salí disparada hasta agarrar la bandera con fuerza.
-Chicas, luego voy a ir a dar un paseo, vosotras quedaros aquí, no os preocupéis eh.
-¿Tú sola?
-Eh...no exactamente.
-Vas con Sid. Oh dios mío, Sid te va a llevar a pasear en medio de la noche.
-No digáis nada por favor, me ha dicho que se entere poca gente.
-Mucha suerte Cassie.
Ellas ya estaban dormidas, habría pasado como una hora y media, pero yo no podía dormir. De pronto alguien tocó suavemente la puerta. Yo ya estaba vestida, me puse las zapatillas y salí. Ahí estaba Sid. Con todas las luces apagadas y a la luz de la gran luna estaba más guapo que nunca, si eso era posible.
Comenzamos a andar hacia el río sin decir nada. Cuando dejamos atrás las cabañas empezó a jugar con mis dedos y a acariciarme la mano mientras andábamos, pero continuábamos en silencio. Llegamos a la parte del río donde nos bañábamos, un claro entre muchos árboles, el agua muy tranquila y la luna reflejada en su superficie. Me pareció algo precioso y perfecto. Le miré y vi que el no estaba mirando ni el agua, ni la luna, ni el reflejo, ni los árboles, me estaba mirando a mi, directamente. Me cogió con fuerza la mano y me guió hacia el río. Nos metimos hasta donde le llegaban a el los pantalones, para que no se mojasen. El agua estaba realmente apetecible. Pensé que nos podríamos meter un poco más si el estuviese en calzoncillos, ya que mis calzonas llegarían aproximadamente al mismo sitio.
-Quítatelos. -dije señalando los pantalones.
El me miró extrañamente. La verdad es que no era una proposición muy normal. Pero pronto entendió mi propósito, salió del agua, se los quitó y volvió a mi lado. Seguimos avanzando hasta que el agua casi rozaba la ropa. Entonces él preguntó:
-¿Te da igual mojarte la ropa interior?
Yo le entendí en seguida y ambos salimos del agua. El se quitó la camiseta y yo mis calzonas.
-Me da un poco de vergüenza...
-Venga, no seas tonta, te he visto en bikini que es igual. A demás, yo estoy peor con los calzoncillos jajaja.
Me reí y me quité la camiseta. Corrimos al agua y nos sumergimos. Salimos a la superficie y yo empecé a tiritar, entonces me cogió la mano, me acercó a él y me puso los brazos alrededor de los hombros. Yo me encajé perfectamente en su cuerpo y le deslicé las manos desde la tripa a la espalda. Él me apretó un poco más contra el y me dijo al oído:
-Eres fantástica.
Sus manos se movieron desde mis hombros hasta la parte de abajo de mi espalda, me acarició las caderas y volvieron a la espalda, entonces yo subí las mías a su cuello y allí apoyé una mientras la otra jugueteaba con su pelo y su oreja y le acariciaba suavemente el cuello. Nuestras cabezas estaban muy cerca y cada vez más. Le di un beso en el cuello, otro en la mejilla y otro justo al lado de los labios. Me paré justo ahí, nuestros labios a muy pocos centímetros, sentía su respiración en mi boca y de repente nos besamos. Mis manos recorrían su cabeza, su pelo, su oreja, su cuello, su espalda. Las suyas acariciaban mis caderas y a veces bajaban un poco más. Me cogió los muslos y los levantó para cogerme. Mis piernas rodeaban su cuerpo. El mío descansaba sobre sus brazos. Y paró. Sus manos subieron a mi espalda. Me susurró al oído:
-No vamos a hacer nada que tú no quieras hacer.
Y me dio un beso en la mejilla, mientras sus manos enredaban con el enganche de mi sujetador y yo apretaba más su cuerpo contra el mío.
¿Por qué?
viernes, 6 de julio de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
2
-¿A qué viene tanta risa chicas? -preguntó Frank sonriendo, que ya se esperaba algo. Sid no nos dejó responder.
-Hola, yo soy Sid, soy nuevo. ¿Aquí parece que ya os conocéis casi todos no? ¿Cómo os llamáis vosotras chicas?
Yo salí disparada.
-Eh, yo soy Cassie, encantada. -dije intentando poner mi mejor sonrisa. El me respondió con otra, tan perfecta y bonita que me quedé embobada mirándola.
-Yo soy Hel y estas son Lisa y Gina.
-Ah, no conocéis a nuestro compañero. Él es Jake.
Gina le sonrió muy dulcemente y el se la quedó mirando como hipnotizado. Bingo para Gina.
-Bueno yo me voy a instalar también, nos vemos en la cena. -dijo Sid mientras salía de la cabaña. Le seguí con la mirada y se giró y me sonrió. ¿A mi? ¿Me estaba sonriendo a si, sin más? No podía ser, sería una sonrisa grupal, para todos.
Volvimos a nuestra cabaña y comenzó una conversación plagada de risas.
-Gina, ¿has visto cómo te miraba? Dios, le tienes en el bote. -soltó Hel.
-Con la sonrisa que le has dirigido, yo también me habría quedado a si. Ya es tuyo. La verdad es que hacéis buena pareja. -dijo Lisa.
-Si Lisa, tu no te quedas atrás. Te has escaqueado muy sutilmente con Frank a "ayudarle" a instalarse. ¿Qué habéis hablado tan separados? -replicó Gina.
-Ya he visto esa mirada en Frank. Eres su chica del campamento. Cada día el primer día elige a la que le parece más guapa y simpática y la conquista. Te ha tocado este año. Yo lo fui cuando teníamos siete años. -dije riendo.
-Es cierto, os pillé dados de la mano y casi os morís de vergüenza. Yo lo fui con nueve. -pero en los últimos años está más asentado. El año pasado dijo que con la de este año quería seguir llevándose, fuese quien fuese. Por cierto Cass, ¡vaya sonrisa! Yo creo que quiere algo.
-Por dios Hel, ¿cómo va a querer nada conmigo? Es guapísimo y me sacará unos ocho años. Seguro que tiene una novia universitaria esperándole en su ciudad.
-Pues yo opino como Hel. No pierdas la esperanza.
La cena transcurrió de normal. Bueno, todo lo normal que se podía esperar con Robbie sirviendo la comida. Cada monitor se sentaba en una mesa. Ya estaban casi todos sentados y en nuestra mesa la silla del monitor todavía estaba vacía y estaba justo a mi lado. Y de repente llegó Sid y se sentó. No hablamos mucho, yo me moría de vergüenza y no le seguía mucho la corriente. Acabé lo antes posible y metí prisa a las chicas. En cuanto acabamos limpiamos los platos y nos fuimos a la cabaña. Cada noche después de cenar hacíamos un juego. Aquella noche fue lo típico, para conocernos entre todos y acabamos bastante pronto, por lo que en cuanto apagaron las luces y no se veía a nadie por el camino entramos en la cabaña de los chicos. Llevábamos unos 20 minutos allí, hablando. Cada una se había sentado en la cama de su chico disimuladamente y yo en una de las que quedaban libres. De repente se abrió la puerta. Ya está, venía un monitor y nos quedaríamos sin postre en la primera comida o algo peor. Pero por la puerta apareció la cabeza de Sid. Fue mirando cama por cama y paró su mirada en mi y mi cama vacía. Sin decir nada cerró la puerta y se sentó a mi lado.
-Bueno chicos, ¿de qué hablabais? -dijo con una sonrisa.
-Pues de tonterías. Estábamos hablando de música -dijo Hel levantando el móvil que sonaba. Se acabó la canción y empezó una nueva.
-Eh, esta es una de mis canciones favoritas, se llama Helena. -dijo Ted. Y entonces vi que Hel se le quedaba mirando y decía con voz extraña:
-Esta es mi canción favorita.
-Ah, claro. Hel, ¿te llamas Helena, no? -dijo Ted riendo.
-Si, por desgracia. Por eso nunca se lo digo a nadie, es un nombre horrible. Pero esta canción me hace estar orgullosa de él.
-Pues a mi me parece un nombre bonito. Ted viene de Theodore, ¿sabes? Eso si que es un castigo.
-Chicos, yo me llamo Elisabeth, no os quejéis.
-Yo Francis. En serio, es un nombre como de mujer.
-Georgina. Si, mis padres me odiaban antes de nacer.
-Estoy seguro que yo os gano. Sidney, me llamo Sidney.
-Lo siento, pero yo soy la ganadora. Cassandra. Horrible y largo. Y encima hay un mito con mi nombre. Es completísimo.
-Yo me llamo Jake. Solo Jake. Me siento vacío, pero aliviado. -rió Jake y todos comenzamos a reír también. Frank tenía abrazada a Lisa por detrás. Ted tenía la cabeza sobre las piernas de Hel y ella tenía los brazos sobre su pecho. Gina tenía la cabeza apoyada en el hombro de Jake y él tenía la mano pasada por encima de sus hombro y la acariciaba el pelo. Yo tenía la mano apoyada en la cama, detrás de mi cuerpo. Sid puso la suya encima y empezamos a juguetear. Nadie lo notó, no había apenas contacto entre nuestros cuerpos, ni nos mirábamos, pero aún así, para mi fue un mayor logro que el de las otras tres parejas. De repente, no se que pasó. Gina y Jake querían agua y Frank y Lisa los acompañaron a la fuente. Hel se llevó a Ted a enseñarle algo de las instalaciones, no se exactamente que. Y allí estaba yo, sola en la cabaña con Sid, muerta de nervios y de vergüenza. En el movil de Hel sonaba I'll be ok.
-Bueno, ¿que hay de ti?
-¿Cómo dices?
-No sé, eres un monitor, no deberías dejar que los campistas saliesen de sus cabañas por la noche, supongo.
-Tampoco debería estar de noche en una cama con una campista, ¿no? -dijo riendo y me hizo reír a mi también.
-No se nada de ti. ¿Qué haces aquí? Me refiero en el campamento, de monitor.
-Me lo ofrecieron y me venía bastante bien el dinero para empezar la universidad después del verano.
-¿Para empezar? ¿Cuántos años tienes?
-Tengo dieciocho, ¿me echabas más? -dijo riendo.
-Pues si la verdad, pensaba que tenías unos veintitrés o así. -dije riendo, pero en realidad estaba pensando que solo me sacaba tres años. Tampoco era tanto...
-Me llamabas viejo, que mal jajaja. Tú tendrás los dieciséis, es tu último año de campamento ¿no?
-No, en realidad tengo quince. Pero el año que viene vendré de monitora.
-Vaya, quince. Aparentas diecisiete por lo menos, la verdad, había dicho dieciséis porque es la edad límite.
-¿En serio aparento diecisiete? Me llamas vieja, que mal. -bromeé.
Entonces llegaron todos los demás y el dijo:
-Bueno venga, cada uno a su cama y chicas, a vuestra cabaña. Si os pillan fuera la bronca será para mi.
Nos acompañó hasta la puerta y cuando las tres había entrado me puso la mano suavemente en la cintura haciendo que me girase y me dijo susurrando, mientras su mano avanzaba y se colocaba en la parte baja de mi espalda:
-Te repito, aparentas los diecisiete y muy bien llevados.
Su boca estaba tan cerca de mi oído y lo dijo con un tono mezcla entre dulce y picante, que me puso la piel de gallina y me acabó de ganar del todo, aunque no sabía muy bien lo que quería decir.
miércoles, 4 de julio de 2012
1
-Mamá, ¿has visto mi toalla?
-Tú sabrás donde la has metido.
Perfecto. No tenía yo los suficientes nervios encima, como para que mi madre me metiese más. Estaba acabando de hacer la maleta, me iba de campamento, como cada año. No era nada nuevo, iba todos los años al mismo, ya conocía a los monitores, las instalaciones, el pueblo, muchos de los campistas... Pero este año, que yo conociese, solo iban mis dos mejores amigos de allí del campamento. A él solo le veía los veranos, durante las dos semanas que duraba el campamento, pero nos llevábamos genial, solo necesitábamos una mirada para entendernos y nos pasábamos el día juntos. A ella la veía más a menudo pues solía pasar una semana en mi casa durante las Navidades y yo otra en su casa. Yo ya estaba impaciente por verlos a los dos y a todos los monitores, que también los echaba bastante de menos.
-El autobús sale dentro de dos horas, ¿lo tienes todo? -mi madre entró en el cuarto con mi toalla en la mano.
-Creo que si. Espera, ¿tenemos crema?
-Te compré ayer una entera, no quiero que te quemes.
-Muchas gracias mamá. -Dije mientras la daba un abrazo.
Dos horas después estaba yo con mi maleta y mi mochila esperando el autobús. Cuando lo vi llegar se me dibujó una sonrisa en la cara. Vi todos los asientos delanteros llenos de niños bastante pequeños. A medida que se alejaban del conductor, los ocupantes se hacían más mayores, hasta llegar a los últimos, que serían de mi edad, unos 15 años. La edad límite eran 16, por lo tanto a mi me quedaba un año, pero al siguiente ya iba a ir como monitora, en vez de campista. Antes de que parase vi en el asiento de atrás, para cinco personas, a Hel y Frank junto a otro chico y otra chica que no conocía. Subí y vi libre el asiento del medio, entre mis dos mejores amigos. Sin pensarlo me senté sin decir nada, cogí a cada uno con un brazo y los abracé hasta hacernos daño. Empezamos a hablar y les pregunté si conocían a los chicos sentados a sus extremos y dijeron que no. Entonces empezamos a hablar con ellos:
-Bueno, em, hola. ¿Es la primera vez que vais a un campamento?
-Si. -contestaron los dos al mismo tiempo. Parecían muy preocupados y tensos.
-Relajaros, ya veréis como os lo pasáis genial. Y aquí tenéis tres amigos. Ella es Hel, él Frank y yo Cassie.
-Yo soy Ted.
-Yo Lisa.
-¡Encantados!
Durante el resto del viaje se relajaron bastante, hablamos todos sobre nuestro invierno y nuestra vida en general y empezamos a conocernos más. Ya se los veía integrados.
-Ted, ponte conmigo en la cabaña ¿vale? Bueno, aunque este año no va a haber mucho donde elegir.
Miramos hacia adelante y solo había unos seis chicos de nuestra edad y seis chicas. Las cabañas para los campistas mayores eran de 5 personas.
-Lisa, ¿te pones con nosotras en una?
-Si, claro.
Entonces llegamos por fin. Bajamos del autobús y vimos a todos los monitores. Corrimos los tres a abrazar a Alice y a Robbie y después se nos unieron todos los demás que ya conocíamos. Entonces vi a un chico que nos miraba. Supuse que era un monitor, porque llevaba su misma camiseta, pero me pareció bastante joven, unos 23 años. Tenía barba de algunos días, que le sentaba realmente bien y un pendiente le sobresalía del pelo, que lo llevaba un poco largo. Me pareció bastante mono, pero que tontería, me sacaría unos 8 años. Nos fuimos a donde nos indicaban los monitores sin coger el equipaje, primero nos darían la bienvenida y nos distribuirían las cabañas. Ya estábamos todos sentados en las gradas, situadas en una especie de plaza, justo enfrente de un enorme pino.
-Silencio chicos. Bueno, vamos a daros un poco la bienvenida. Em... ¡bienvenidos! Ala, ya está. -todos reímos.
-Robbie, ¿ya te estas haciendo el gracioso? -gritó Frank.
-Jajaja Frank, cállate o harás ya la primera cena sin postre. -dijo Alice bromeando.
-Bueno, en definitiva es eso. Esperamos que todos os lo paséis muy bien. Mikey, Rose y Anne distribuirán a los pequeños. -saludaron los tres. Mikey era un hombre de unos 27 años, grande y fornido, pero muy simpático y amable. Siempre se llevaba muy bien con los niños pequeños. Rose era como la madre de todos. Consolaba a los pequeños si les pasaba algo, curaba al que se hacía una herida y nos obligaba a comer la comida que no queríamos. A Anne no la conocía. Debía ser nueva. Era joven, tendría unos 23 o 24 años. Era pequeña y delgada y tenía una cara muy dulce, aunque un poco asustada.
-Y Robbie, Sid y yo distribuiremos a los mayores. -dijo Alice. Era una chica muy energética. Siempre nos animaba a hacer todo y nos ayudaba a que nos saliese. Robbie estaba siempre bromeando y dándonos golosinas y refrescos sin que nadie se enterase, aunque tambien era muy estricto a veces. Sid debía ser el chico que vi antes. Ahora que estaba sonriéndonos estaba guapo de verdad. Nos estaba echando un vistazo a todos cuando su mirada se cruzó con la mía. Estuvimos mirándonos hasta que la potente voz de Mikey nos asustó a los dos.
-Nos os preocupéis los que no nos conozcáis. Podéis contar con nosotros para lo que sea y ya cogeréis confianza con el tiempo. Ahora ir a por vuestro equipaje. Los mayores bajad aquí y los pequeños esperad junto al autobús a que os ayudemos.
-En cuanto cojamos la cabaña tenemos que hablar Hel.
-Lo mismo te digo Cas.
-Chicas, ¿puedo contaros yo también una cosa? -dijo Lisa.
-Por supuesto. -reímos las dos y ella se nos unió.
Alice condujo a todas las chicas hacia nuestras dos correspondientes cabañas. Entraron cinco chicas que no conocíamos en una y nosotras tres en otra. Nos siguió otra chica más.
-Em, hola... me llamo Gina.
-Encantada, yo soy Lisa.
-Hel, ahora te saludo. -gritó con la cabeza metida en su maleta.
-Hola, yo soy Cassie. Relájate, se te ve tensa. Te lo pasarás bien, ya verás. -le dije con una sonrisa. Salí un momento a ver quien se instalaba en la cabaña de al lado y vi a Robbie entrando seguido de Frank, Ted, otro chico y Sid, que nos miró a las 4 chicas. Volvimos a entrar y Hel gritó:
-Madre mía, esto es genial. Desde mi cama, veo por la ventana a Ted.
-Hel, ¿te gusta Ted? -reímos Lisa y yo.
-Pero ¿cómo no me va a gustar? ¿Habéis visto que carita más mona tiene?
-Jajaja la verdad es que a mi también me gusta alguien. -dijo Lisa. -vuestro amigo Frank.
-¿En serio? Dios, ¡vais a estar todas emparejadas!
-Siento interrumpir. -dijo Gina.- Pero a mi me gusta el otro chico que a entrado en la cabaña con ellos, pero no le conozco.
-Madre mía, esto es de locos. -dijo Hel y reímos todas. -Cassie, te has quedado sin ninguno de esa cabaña y me da que vamos a pasar las noches allí jajaja.
-Chicas, prometedme que no decís nada. Me da bastante cosa esto, pero...creo que me gusta el nuevo monitor, Sid.
-Oh dios, Cassie, ¡tu tiras por lo alto eh!
Acabamos de colocar las maletas y fuimos directas a la cabaña de los chicos, justo al lado. Estaban los tres allí y también Sid, por lo que entramos muertas de risa y ellos se nos quedaron mirando muy extrañamente.
-Tú sabrás donde la has metido.
Perfecto. No tenía yo los suficientes nervios encima, como para que mi madre me metiese más. Estaba acabando de hacer la maleta, me iba de campamento, como cada año. No era nada nuevo, iba todos los años al mismo, ya conocía a los monitores, las instalaciones, el pueblo, muchos de los campistas... Pero este año, que yo conociese, solo iban mis dos mejores amigos de allí del campamento. A él solo le veía los veranos, durante las dos semanas que duraba el campamento, pero nos llevábamos genial, solo necesitábamos una mirada para entendernos y nos pasábamos el día juntos. A ella la veía más a menudo pues solía pasar una semana en mi casa durante las Navidades y yo otra en su casa. Yo ya estaba impaciente por verlos a los dos y a todos los monitores, que también los echaba bastante de menos.
-El autobús sale dentro de dos horas, ¿lo tienes todo? -mi madre entró en el cuarto con mi toalla en la mano.
-Creo que si. Espera, ¿tenemos crema?
-Te compré ayer una entera, no quiero que te quemes.
-Muchas gracias mamá. -Dije mientras la daba un abrazo.
Dos horas después estaba yo con mi maleta y mi mochila esperando el autobús. Cuando lo vi llegar se me dibujó una sonrisa en la cara. Vi todos los asientos delanteros llenos de niños bastante pequeños. A medida que se alejaban del conductor, los ocupantes se hacían más mayores, hasta llegar a los últimos, que serían de mi edad, unos 15 años. La edad límite eran 16, por lo tanto a mi me quedaba un año, pero al siguiente ya iba a ir como monitora, en vez de campista. Antes de que parase vi en el asiento de atrás, para cinco personas, a Hel y Frank junto a otro chico y otra chica que no conocía. Subí y vi libre el asiento del medio, entre mis dos mejores amigos. Sin pensarlo me senté sin decir nada, cogí a cada uno con un brazo y los abracé hasta hacernos daño. Empezamos a hablar y les pregunté si conocían a los chicos sentados a sus extremos y dijeron que no. Entonces empezamos a hablar con ellos:
-Bueno, em, hola. ¿Es la primera vez que vais a un campamento?
-Si. -contestaron los dos al mismo tiempo. Parecían muy preocupados y tensos.
-Relajaros, ya veréis como os lo pasáis genial. Y aquí tenéis tres amigos. Ella es Hel, él Frank y yo Cassie.
-Yo soy Ted.
-Yo Lisa.
-¡Encantados!
Durante el resto del viaje se relajaron bastante, hablamos todos sobre nuestro invierno y nuestra vida en general y empezamos a conocernos más. Ya se los veía integrados.
-Ted, ponte conmigo en la cabaña ¿vale? Bueno, aunque este año no va a haber mucho donde elegir.
Miramos hacia adelante y solo había unos seis chicos de nuestra edad y seis chicas. Las cabañas para los campistas mayores eran de 5 personas.
-Lisa, ¿te pones con nosotras en una?
-Si, claro.
Entonces llegamos por fin. Bajamos del autobús y vimos a todos los monitores. Corrimos los tres a abrazar a Alice y a Robbie y después se nos unieron todos los demás que ya conocíamos. Entonces vi a un chico que nos miraba. Supuse que era un monitor, porque llevaba su misma camiseta, pero me pareció bastante joven, unos 23 años. Tenía barba de algunos días, que le sentaba realmente bien y un pendiente le sobresalía del pelo, que lo llevaba un poco largo. Me pareció bastante mono, pero que tontería, me sacaría unos 8 años. Nos fuimos a donde nos indicaban los monitores sin coger el equipaje, primero nos darían la bienvenida y nos distribuirían las cabañas. Ya estábamos todos sentados en las gradas, situadas en una especie de plaza, justo enfrente de un enorme pino.
-Silencio chicos. Bueno, vamos a daros un poco la bienvenida. Em... ¡bienvenidos! Ala, ya está. -todos reímos.
-Robbie, ¿ya te estas haciendo el gracioso? -gritó Frank.
-Jajaja Frank, cállate o harás ya la primera cena sin postre. -dijo Alice bromeando.
-Bueno, en definitiva es eso. Esperamos que todos os lo paséis muy bien. Mikey, Rose y Anne distribuirán a los pequeños. -saludaron los tres. Mikey era un hombre de unos 27 años, grande y fornido, pero muy simpático y amable. Siempre se llevaba muy bien con los niños pequeños. Rose era como la madre de todos. Consolaba a los pequeños si les pasaba algo, curaba al que se hacía una herida y nos obligaba a comer la comida que no queríamos. A Anne no la conocía. Debía ser nueva. Era joven, tendría unos 23 o 24 años. Era pequeña y delgada y tenía una cara muy dulce, aunque un poco asustada.
-Y Robbie, Sid y yo distribuiremos a los mayores. -dijo Alice. Era una chica muy energética. Siempre nos animaba a hacer todo y nos ayudaba a que nos saliese. Robbie estaba siempre bromeando y dándonos golosinas y refrescos sin que nadie se enterase, aunque tambien era muy estricto a veces. Sid debía ser el chico que vi antes. Ahora que estaba sonriéndonos estaba guapo de verdad. Nos estaba echando un vistazo a todos cuando su mirada se cruzó con la mía. Estuvimos mirándonos hasta que la potente voz de Mikey nos asustó a los dos.
-Nos os preocupéis los que no nos conozcáis. Podéis contar con nosotros para lo que sea y ya cogeréis confianza con el tiempo. Ahora ir a por vuestro equipaje. Los mayores bajad aquí y los pequeños esperad junto al autobús a que os ayudemos.
-En cuanto cojamos la cabaña tenemos que hablar Hel.
-Lo mismo te digo Cas.
-Chicas, ¿puedo contaros yo también una cosa? -dijo Lisa.
-Por supuesto. -reímos las dos y ella se nos unió.
Alice condujo a todas las chicas hacia nuestras dos correspondientes cabañas. Entraron cinco chicas que no conocíamos en una y nosotras tres en otra. Nos siguió otra chica más.
-Em, hola... me llamo Gina.
-Encantada, yo soy Lisa.
-Hel, ahora te saludo. -gritó con la cabeza metida en su maleta.
-Hola, yo soy Cassie. Relájate, se te ve tensa. Te lo pasarás bien, ya verás. -le dije con una sonrisa. Salí un momento a ver quien se instalaba en la cabaña de al lado y vi a Robbie entrando seguido de Frank, Ted, otro chico y Sid, que nos miró a las 4 chicas. Volvimos a entrar y Hel gritó:
-Madre mía, esto es genial. Desde mi cama, veo por la ventana a Ted.
-Hel, ¿te gusta Ted? -reímos Lisa y yo.
-Pero ¿cómo no me va a gustar? ¿Habéis visto que carita más mona tiene?
-Jajaja la verdad es que a mi también me gusta alguien. -dijo Lisa. -vuestro amigo Frank.
-¿En serio? Dios, ¡vais a estar todas emparejadas!
-Siento interrumpir. -dijo Gina.- Pero a mi me gusta el otro chico que a entrado en la cabaña con ellos, pero no le conozco.
-Madre mía, esto es de locos. -dijo Hel y reímos todas. -Cassie, te has quedado sin ninguno de esa cabaña y me da que vamos a pasar las noches allí jajaja.
-Chicas, prometedme que no decís nada. Me da bastante cosa esto, pero...creo que me gusta el nuevo monitor, Sid.
-Oh dios, Cassie, ¡tu tiras por lo alto eh!
Acabamos de colocar las maletas y fuimos directas a la cabaña de los chicos, justo al lado. Estaban los tres allí y también Sid, por lo que entramos muertas de risa y ellos se nos quedaron mirando muy extrañamente.
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